Ayuntamiento de Rivas. 11,30 de la mañana. En la puerta giratoria me cruzo con un nutrido grupo de empleados que salen a desayunar. La zona de atención al ciudadano se queda a medio gas. Espero pacientemente mi turno. Voy a notificar el cambio de cuenta bancaria para que me pasen al cobro mis impuestos, ya que no me han permitido hacerlo por teléfono, tal y como sugería en la carta que he recibido ayer.
He aquí que tampoco puedo hacerlo personalmente. La empleada me dice que este trámite debería haberlo hecho CON TRES MESES DE ANTELACIÓN. Le digo que es imposible, porque hace tres meses no vivía donde vivo ni tenía la cuenta bancaria que ahora tengo.
La cosa es que por haberme mudado y cambiado de banco, ahora me toca pagar cada impuesto personalmente, en la oficina de gestión tributaria, el día determinado que ellos me indiquen, de 9 a 2. Ah, y además pierdo la bonificación por domiciliación, que es del 5%. Así que pago más este año.
Cuando consigo articular palabra, les digo que me explique por qué. Me responde que SON LAS NORMAS. Y que si no estoy de acuerdo, que ponga una reclamación o que suba a la 2º planta, para que los "compañeros" de gestión tributaria me lo expliquen. Le digo que cuando me enfrento a un ladrón, no pongo una reclamación ni pido explicaciones, sencillamente llamo a la policía. Y me marcho, porque sé que si subo a la 2º planta la que va a acabar en un calabozo soy yo.
Ya he estado en Gestion Tributaria del Ayuntamiento en otra oportunidad. Allí te atiende una señorita en una mesa repleta de papeles, regada de migas del bollo de chocolate que se está zampando. Al lado, la taza de la infusión, y por todas partes carteles agresivos, reivindicando el "servicio público" que se está destruyendo. Entre la mesa y yo, una gorra roja pegada con celo, con unos cuantos centimillos dentro. Así piden limosna a los ciudadanos. Claman ayuda a los contribuyentes mientras les cuelan la pistola en la costilla. Así nos atienden los "servidores públicos" en el Ayuntamiento de Rivas. Y así nos aplican sus normas, en pleno siglo de Internet y de las comunicaciones instantáneas por vía telemática-informática. Así nos cobran los impuestos revolucionarios. Pero no son los únicos.
Llamo para dar de baja los servicios de mi antigua vivienda. El Canal de Isabel II me dice que si quiero darme de baja, son 40 euros, y que si prefiero cambiar la titularidad son 60. Que elija.
La compañía eléctrica me dice que, como están en proceso de cambio de empresa, que no reciben notificaciones de baja hasta dentro de una semana como mínimo. Que vuelva a llamar a partir del 5 de junio.
Y la compañía de gas me implora que no me dé de baja, que no renuncie a los servicios extras que tengo contratados, que me quede como estoy. Le digo que eso es imposible, que mi piso ya no es mi piso, que tiene otro propietario y que él sabrá lo que hace con su vida.
Me pregunto qué está pasando. Me pregunto a dónde vamos a llegar. Me pregunto qué tenemos que hacer. ¿Qué es lo "público" que se supone debemos defender porque nos pertenece a todos? Los consumidores y ciudadanos, indefensos ante el atropello de la Administración y la impunidad dela empresa privada, tienen alguna salida? Si la conocéis, por favor, decírmela. A mí ya no se me ocurren soluciones. Ni siquiera escapatorias.
"La literatura introduce en nuestros espíritus la inconformidad y la rebeldía." Mario Vargas Llosa
jueves, 30 de mayo de 2013
martes, 21 de mayo de 2013
El rey sabio
Había una vez, en la lejana ciudad de Wirani, un rey que gobernaba a sus súbditos con tanto poder como sabiduría. Y le temían por su poder, y lo amaban por su sabiduría.
Había también en el corazón de esa ciudad un pozo de agua fresca y cristalina, del que bebían todos los habitantes; incluso el rey y sus cortesanos, pues era el único pozo de la ciudad.
Una noche, cuando todo estaba en calma, una bruja entró en la ciudad y vertió siete gotas de un misterioso líquido en el pozo, al tiempo que decía:
- Desde este momento, quien beba de esta agua se volverá loco.
A la mañana siguiente, todos los habitantes del reino, excepto el rey y su gran chambelán, bebieron del pozo y enloquecieron, tal como había predicho la bruja.
Y aquel día, en las callejuelas y en el mercado, la gente no hacía sino cuchichear:
- El rey está loco. Nuestro rey y su gran chambelán han perdido la razón. No podemos permitir que nos gobierne un rey loco; debemos destronarlo.
Aquella noche, el rey ordenó que llenaran con agua del pozo una gran copa de oro. Y cuando se la llevaron, el soberano bebió ávidamente y pasó la copa a su gran chambelán, para que también bebiera.
Y hubo un gran regocijo en la lejana ciudad de Wirani, porque el rey y el gran chambelán habían recobrado la razón.
martes, 30 de abril de 2013
El fenómeno Saló ha muerto
El fenómeno Saló ha muerto de éxito. Aleix se hizo famoso con su Españistán, un relato feroz de la burbuja inmobiliaria que acabó incorporándose al vocabulario como sinónimo del "ser nacional" . Luego vino "Simiocracia, crónica de la gran resaca económica", con las causas y consecuencias de la crisis muy lúcidamente encadenadas.
La mirada fresca de este joven ilustrador catalán metía el dedo en la llaga con la misma tranquilidad con que un niño rechupetea la mermelada mientras guiña el ojo a su madre. Ese desenfado a la hora de decir verdades nos hacía falta y muchos nos sentimos identificados con su rabia disfrazada de ironía. Puro arsénico sin compasión.
Ahora le ha llegado el turno a Europa. "Europesadilla. Alguien se ha comido a la clase media", prometía más de lo mismo. Pero no. A Saló le ha podido el respeto o la autocensura. Basta leer la página dedicada a las guerras mundiales (despacha las dos en tres párrafos y una viñeta) para constatar con pena que el enfant terrible ha sido domesticado. Su Europesadilla es un relato políticamente correcto de la historia del Viejo Continente, que comienza en Atapuerca y acaba hoy mismo, sin aportar nada nuevo.
Saló ha tirado de enciclopedia para responder a la presión de la industria editorial. Incluso ha tenido algunos problemas técnicos el lanzamiento de la versión e-book. Demasiada prisa y poca masticación.
Europesadilla es un resumen de urgencia, suavemente ilustrado (sus imágenes también están deslavazadas). Si algunos chavales de la ESO pudieran repetir de un tirón este hilo argumental, más de un profesor de Historia se daría con un canto en los dientes. Mientras tanto, los fans de Saló esperarán su resurrección... o mejor aún, su insurrección.
La mirada fresca de este joven ilustrador catalán metía el dedo en la llaga con la misma tranquilidad con que un niño rechupetea la mermelada mientras guiña el ojo a su madre. Ese desenfado a la hora de decir verdades nos hacía falta y muchos nos sentimos identificados con su rabia disfrazada de ironía. Puro arsénico sin compasión.
Ahora le ha llegado el turno a Europa. "Europesadilla. Alguien se ha comido a la clase media", prometía más de lo mismo. Pero no. A Saló le ha podido el respeto o la autocensura. Basta leer la página dedicada a las guerras mundiales (despacha las dos en tres párrafos y una viñeta) para constatar con pena que el enfant terrible ha sido domesticado. Su Europesadilla es un relato políticamente correcto de la historia del Viejo Continente, que comienza en Atapuerca y acaba hoy mismo, sin aportar nada nuevo.
Saló ha tirado de enciclopedia para responder a la presión de la industria editorial. Incluso ha tenido algunos problemas técnicos el lanzamiento de la versión e-book. Demasiada prisa y poca masticación.
Europesadilla es un resumen de urgencia, suavemente ilustrado (sus imágenes también están deslavazadas). Si algunos chavales de la ESO pudieran repetir de un tirón este hilo argumental, más de un profesor de Historia se daría con un canto en los dientes. Mientras tanto, los fans de Saló esperarán su resurrección... o mejor aún, su insurrección.
domingo, 28 de abril de 2013
¿Qué fue del Gallo Claudio?
A la hora de la cena, mis hijos hablan de sus personajes favoritos. Televisión y, sobre todo, videojuegos. Es difícil seguirles la conversación. Nos pillan totalmente fuera de juego.
A ellos les pasa lo mismo. Cuando mi marido y yo a veces recordamos frases o actitudes de algún personaje de nuestra infancia, les dejamos boquiabiertos. El Gallo Claudio, Don Gato y su Pandilla, las pelis de indios y vaqueros, los Payasos de la Tele... No saben de qué hablamos.
Padres y hijos pertenecemos a galaxias paralelas. La brecha generacional se amplía a medida que la historia se acelera y los cambios culturales ganan velocidad. Y eso me lleva a una reflexión. El lenguaje y las imágenes mentales son la base de la comunicación, pero para que funcionen deben ser mínimamente compartidas. ¿No nos estará afectando la falta de referentes comunes a la hora de crear vínculos con nuestros hijos?
Hace algún tiempo, al hilo de esta reflexión, lanzamos el primer volumen de una colección llamada "Los Superhéroes de la Mitología". Teseo y el Minotauro abrió el fuego de una iniciativa que pretendía acercar a los más pequeños los hitos de nuestra cultura occidental de la mano de los mitos griegos. Fue un intento de que, además del manga japonés, los niños supieran quiénes eran Ulises, Hércules y el caballo de Troya.
Adaptamos Teseo para que un niño de entre 6 y 9 años comprendiera la esencia de aquella aventura y encargamos las ilustraciones originales a una artista argentina. El resultado ha sido un libro que, de momento, está disponible en edición digital.
A ellos les pasa lo mismo. Cuando mi marido y yo a veces recordamos frases o actitudes de algún personaje de nuestra infancia, les dejamos boquiabiertos. El Gallo Claudio, Don Gato y su Pandilla, las pelis de indios y vaqueros, los Payasos de la Tele... No saben de qué hablamos.
Padres y hijos pertenecemos a galaxias paralelas. La brecha generacional se amplía a medida que la historia se acelera y los cambios culturales ganan velocidad. Y eso me lleva a una reflexión. El lenguaje y las imágenes mentales son la base de la comunicación, pero para que funcionen deben ser mínimamente compartidas. ¿No nos estará afectando la falta de referentes comunes a la hora de crear vínculos con nuestros hijos?
Hace algún tiempo, al hilo de esta reflexión, lanzamos el primer volumen de una colección llamada "Los Superhéroes de la Mitología". Teseo y el Minotauro abrió el fuego de una iniciativa que pretendía acercar a los más pequeños los hitos de nuestra cultura occidental de la mano de los mitos griegos. Fue un intento de que, además del manga japonés, los niños supieran quiénes eran Ulises, Hércules y el caballo de Troya.
Adaptamos Teseo para que un niño de entre 6 y 9 años comprendiera la esencia de aquella aventura y encargamos las ilustraciones originales a una artista argentina. El resultado ha sido un libro que, de momento, está disponible en edición digital.
jueves, 11 de abril de 2013
Casa tomada
"Casa tomada" es un premonitorio cuento que Julio
Cortázar escribió en 1951. Si tenéis unos minutos, vale la pena
releerlo.
http://www.lainsignia.org/2001/enero/cul_031.htm
Dos hermanos son expulsados de su propia casa familiar a causa de “algo” que se va apoderando de ella y que va desplazándolos poco a poco hasta dejarlos en la calle. Los protagonistas se resignan, no oponen resistencia. Lamentan las pérdidas que les ocasiona ese "algo" cada vez que se apropia de una parte de la casa, pero no se hacen preguntas, no se rebelan, no se enfrentan. Ambos viven la situación como si nada grave estuviera pasando, no se muestran asustados, al contrario, parece que consideran que merecen el desahucio. Encajan la apropiación como un golpe normal e irremediable. Cuando finalmente la casa es tomada por completo, no tienen más remedio que dejarla, llevándose lo puesto, un reloj y la llave de la puerta. Una llave de la que se deshacen, tirándola por la alcantarilla.
Recuerdo que "Casa tomada" me impactó fuertemente cuando lo leí por primera vez. Y ese impacto hizo que perdurara en mi memoria como un símbolo. "Casa tomada" es la metáfora de la pasividad ante la injusticia, el retrato de la inacción ante el sinsentido.
Por las mismas fechas, Bertold Brecht confesaba: “Primero vinieron a por los judíos y no dije nada porque no era judío. Después vinieron a por los comunistas y no dije nada porque no era comunista. Más tarde vinieron a por los sindicalistas y no dije nada porque no era sindicalista. Luego vinieron a por los católicos y no dije nada porque era protestante. A continuación vinieron a por mí, reaccioné y grité, pero ya era demasiado tarde: no quedaba nadie que hiciese algo por mí."
http://www.lainsignia.org/2001/enero/cul_031.htm
Dos hermanos son expulsados de su propia casa familiar a causa de “algo” que se va apoderando de ella y que va desplazándolos poco a poco hasta dejarlos en la calle. Los protagonistas se resignan, no oponen resistencia. Lamentan las pérdidas que les ocasiona ese "algo" cada vez que se apropia de una parte de la casa, pero no se hacen preguntas, no se rebelan, no se enfrentan. Ambos viven la situación como si nada grave estuviera pasando, no se muestran asustados, al contrario, parece que consideran que merecen el desahucio. Encajan la apropiación como un golpe normal e irremediable. Cuando finalmente la casa es tomada por completo, no tienen más remedio que dejarla, llevándose lo puesto, un reloj y la llave de la puerta. Una llave de la que se deshacen, tirándola por la alcantarilla.
Recuerdo que "Casa tomada" me impactó fuertemente cuando lo leí por primera vez. Y ese impacto hizo que perdurara en mi memoria como un símbolo. "Casa tomada" es la metáfora de la pasividad ante la injusticia, el retrato de la inacción ante el sinsentido.
Por las mismas fechas, Bertold Brecht confesaba: “Primero vinieron a por los judíos y no dije nada porque no era judío. Después vinieron a por los comunistas y no dije nada porque no era comunista. Más tarde vinieron a por los sindicalistas y no dije nada porque no era sindicalista. Luego vinieron a por los católicos y no dije nada porque era protestante. A continuación vinieron a por mí, reaccioné y grité, pero ya era demasiado tarde: no quedaba nadie que hiciese algo por mí."
martes, 9 de abril de 2013
Gente creActiva
Reinauguro mi blog más de dos años después de mi primera entrada. Y lo hago con una declaración de intenciones. La que dio lugar a la creación de la Asociación Gente creActiva, un estupendo grupo de personas en donde se cumple aquello de que "el todo es mucho más que la suma de las partes".
1. La vida empieza cada día sólo si estamos dispuestos a
cambiarla, a sentirnos satisfechos con quien la compartimos, con el trabajo que
hacemos o con la función que desempeñamos en la comunidad.
2. El bienestar personal depende, en buena medida, de la capacidad
de sentirnos a gusto con nuestro entorno y disfrutar de una buena integración
social.
3. La experiencia, la madurez y la creatividad no sólo
pueden suplir determinadas carencias, sino que pueden representar estímulos en
cualquier tipo de actividad. Disponemos de conocimientos, aptitudes y
habilidades suficientes para afrontar situaciones difíciles, aceptar nuevos
retos y tomar decisiones. No hace falta que demostremos nada que no hayamos
demostrado antes.
4. Podemos disfrutar de casi todo como en épocas pasadas, si
no con la misma frecuencia, al menos con igual intensidad.
5. El desempleo no es sinónimo de invisibilidad, si
conseguimos mantenernos activos en nuestras respectivas áreas de interés y en
nuestras relaciones interpersonales. La valía personal aporta visibilidad
suficiente. Lo malo no es estar en paro sino no estar a la altura de los
tiempos. El desempleo no hunde, siempre y cuando mantengamos la salud y la
actividad productiva. El desempleo no es sinónimo de despedida de nuestra profesión
si nos mantenemos con la mente abierta, nos formamos, nos reciclamos y estamos
receptivos a las nuevas alternativas que se nos ofrecen.
6. Siempre se está a tiempo de volver a empezar en lo íntimo
y en lo laboral, en lo privado y en lo público. Para ello es necesario
aceptarnos, respetarnos y reconocernos en nuestra propia identidad y en nuestra
propia circunstancia. Definir y luchar por nuestra escala de valores para
pilotar el inicio de un nuevo ciclo vital.
7. Una actividad desarrollada con y por placer constituye un
excelente estimulante para el organismo. Por el contrario, su ausencia es un
factor que acelera el envejecimiento y lleva a la frustración y a la depresión.
sábado, 1 de enero de 2011
El primer terrón de azúcar del año
Azucarillo: Porción de masa esponjosa que se hace con almíbar muy a punto, clara de huevo y zumo de limón. Empapado en líquidos o sumergido en ellos, sirve para endulzar ligeramente. Terrón de azúcar. Diccionario de la Real Academia Española.
Los textos de un blog pueden caer como terrones de azúcar o como granos de pimienta. Vamos, que te pueden endulzar o amargar el día.
Ayer, último día del año 2010, conversando con Carolina me contaba lo mucho que habían disfrutado todos en Luque el fin de semana de Navidad, riendo anécdotas familiares y ejercitando los recuerdos comunes. Sobre todo, le sorprendía la atención que habían puesto los niños y no tan niños de la nueva generación de los Oliva Pasqualis.
De mayores, a medida que va pasando el tiempo, cada vez echamos mano de más terrones de esta azúcar de infancia para endulzar nuestros días tan adultos.
Y entonces recordé una "misión" encomendada por mi madre, que es la mayor de la generación anterior, a mí, por ser la mayor de la generación siguiente, aquel día en que me entregó, encuadernado con mimo, el resumen de la historia familiar que habíamos estado recopilando durante años. Era un libro parecido a los que se encuentran todavía en los atriles de los coros de algunas iglesias españolas, gordo y pesado, con un título prometedor: "Falcon Crest".
Esa tarea "de posta y de postín" estaba sin comenzar. Ahora que disponemos de una herramienta de comunicación casi mágica como es Internet, parece que la labor resulta más fácil. La edad que van teniendo nuestros chicos y chicas da un nuevo sentido a ese juego tan estupendo de revolver el baúl de los recuerdos, remover el cajón de la abuela, abrir el armario de los tesoros olvidados. "Cada uno podría aportar su propio matiz, porque no todos recordamos del mismo modo cada anécdota", explicaba Carolina. Es una estupenda idea.
Por eso, os invito a participar, leyendo, comentando y enviándome por mail pequeños recuerdos, para ir construyendo un nuevo álbum familiar, con fotos digitales, nuevas historias de siempre y reflexiones cotidianas. Pesará menos, ocupará otro sitio y no tendrá el encanto del papel acariciable y de la foto cada vez más sepia. Pero será bonito, estoy segura.
Os invito al juego común de fabricar terrones de azúcar que nos hagan la vida más dulce y nos acerquen sabores comunes, más allá de la distancia.
Aprovecho para abrir el fuego y contar una imagen que volvió a mi cabeza hace muy poco, en un intento de explicar a Carlos y a Pablo que antes la televisión era en blanco y negro y tenía dos o tres canales como mucho; el zapping no existía y cada vez que uno quería cambiar de programa tenía que levantarse de la silla y darle a un botón durísimo que giraba haciendo TROC, TROC, TROC... y vuelta a empezar porque ahí se acababa la oferta.
Entonces mi mente nostalgiosa me transportó de pronto a la calle Viamonte 427, habitación de los abuelos Manolo y Ñata, siete de la tarde de un día lectivo. Con los deberes terminados (o a medio hacer), me encierro y me preparo sobre la alfombra hasta que Leonardo Simons anuncia el nuevo hit de "Música en Libertad". Atención máxima para repetir el paso, la letra y, por qué no, copiarle el modelito a Silvana Di Lorenzo o a María Esther Lovero, para hacer roncha en la próxima clase de Catequesis, donde íbamos todas las niñas de 9 años, vestidas como para un casting de Operación Triunfo, presumiendo de tacones, a deglutir la información divina y a cotillear sobre la más mundana.
De los 60 minutos de mi programa musical, había conseguido, tras ardua negociación con la abuela, la exclusividad de una escasa media hora y había que aprovecharla a tope. Siete y media en punto, se abría la puerta y aparecía la abuela Ñata. Enchufaba al televisor su tremendo audífono portátil (un mastodonte de madera, forrado de bratina azul y tela dorada, que le había construido el tío Kito para que pudiera oír bien sus novelas, encajándoselo a duras penas entre hombro y oreja). El sonido TROC, TROC, anunciaba que el tiempo de baile había terminado y que llegaba el turno de Rolando Rivas Taxista.
Un abrazo, familia, feliz 2011.
Los textos de un blog pueden caer como terrones de azúcar o como granos de pimienta. Vamos, que te pueden endulzar o amargar el día.
Ayer, último día del año 2010, conversando con Carolina me contaba lo mucho que habían disfrutado todos en Luque el fin de semana de Navidad, riendo anécdotas familiares y ejercitando los recuerdos comunes. Sobre todo, le sorprendía la atención que habían puesto los niños y no tan niños de la nueva generación de los Oliva Pasqualis.
De mayores, a medida que va pasando el tiempo, cada vez echamos mano de más terrones de esta azúcar de infancia para endulzar nuestros días tan adultos.
Y entonces recordé una "misión" encomendada por mi madre, que es la mayor de la generación anterior, a mí, por ser la mayor de la generación siguiente, aquel día en que me entregó, encuadernado con mimo, el resumen de la historia familiar que habíamos estado recopilando durante años. Era un libro parecido a los que se encuentran todavía en los atriles de los coros de algunas iglesias españolas, gordo y pesado, con un título prometedor: "Falcon Crest".
Esa tarea "de posta y de postín" estaba sin comenzar. Ahora que disponemos de una herramienta de comunicación casi mágica como es Internet, parece que la labor resulta más fácil. La edad que van teniendo nuestros chicos y chicas da un nuevo sentido a ese juego tan estupendo de revolver el baúl de los recuerdos, remover el cajón de la abuela, abrir el armario de los tesoros olvidados. "Cada uno podría aportar su propio matiz, porque no todos recordamos del mismo modo cada anécdota", explicaba Carolina. Es una estupenda idea.
Por eso, os invito a participar, leyendo, comentando y enviándome por mail pequeños recuerdos, para ir construyendo un nuevo álbum familiar, con fotos digitales, nuevas historias de siempre y reflexiones cotidianas. Pesará menos, ocupará otro sitio y no tendrá el encanto del papel acariciable y de la foto cada vez más sepia. Pero será bonito, estoy segura.
Os invito al juego común de fabricar terrones de azúcar que nos hagan la vida más dulce y nos acerquen sabores comunes, más allá de la distancia.
Aprovecho para abrir el fuego y contar una imagen que volvió a mi cabeza hace muy poco, en un intento de explicar a Carlos y a Pablo que antes la televisión era en blanco y negro y tenía dos o tres canales como mucho; el zapping no existía y cada vez que uno quería cambiar de programa tenía que levantarse de la silla y darle a un botón durísimo que giraba haciendo TROC, TROC, TROC... y vuelta a empezar porque ahí se acababa la oferta.
Entonces mi mente nostalgiosa me transportó de pronto a la calle Viamonte 427, habitación de los abuelos Manolo y Ñata, siete de la tarde de un día lectivo. Con los deberes terminados (o a medio hacer), me encierro y me preparo sobre la alfombra hasta que Leonardo Simons anuncia el nuevo hit de "Música en Libertad". Atención máxima para repetir el paso, la letra y, por qué no, copiarle el modelito a Silvana Di Lorenzo o a María Esther Lovero, para hacer roncha en la próxima clase de Catequesis, donde íbamos todas las niñas de 9 años, vestidas como para un casting de Operación Triunfo, presumiendo de tacones, a deglutir la información divina y a cotillear sobre la más mundana.
De los 60 minutos de mi programa musical, había conseguido, tras ardua negociación con la abuela, la exclusividad de una escasa media hora y había que aprovecharla a tope. Siete y media en punto, se abría la puerta y aparecía la abuela Ñata. Enchufaba al televisor su tremendo audífono portátil (un mastodonte de madera, forrado de bratina azul y tela dorada, que le había construido el tío Kito para que pudiera oír bien sus novelas, encajándoselo a duras penas entre hombro y oreja). El sonido TROC, TROC, anunciaba que el tiempo de baile había terminado y que llegaba el turno de Rolando Rivas Taxista.
Un abrazo, familia, feliz 2011.
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